Hedgehog’s dilemma / Dilema del erizo

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“A dilemma is a problem offering two possibilities, neither of which is wholly acceptable.”

“A group of porcupines densely crowded a cold day in winter for heat and saved from freezing to death. Very soon, however, felt the barbs reciprocal forcing them to separate again. Whenever the need for heating the assembled, again submitted that other problem, so they were always drawn between the two types of suffering, until they finally found a moderate distance between them that allowed them to endure their situation. Thus, the need to live in society, born of the emptiness and monotony of the inner self, attracts human beings towards each other, but their many unpleasant features and unforgivable mistakes again separated. The intermediate distance, which eventually find and makes possible their coexistence is given by the kindness and decency. […] Who has, however, enough internal heat will do well to stay away from society, so as not to disturb or be disturbed.”

Arthur Schopenhauer
Parerga and Paralipomena, Volume II, Chapter 31, § 396.

I heard for the first time in my favorite anime series “Neon Genesis Evangelion” (the Latin name would be “The Birth of a New Gospel”, a work as epic and complex as it sounds) and exteriorized something many times I felt: That desire to approach another person with the risk of hurting in the same way.

Romanticism aside, to know an being known is as pleasurable as painful. Because we all like to see and explore nice human aspects, but we avoid sharing our unpleasant side and if we do, we know that this requires a deep sense of acceptance and unconditional love.

What I’m going with this? Do I have to reach out and show all of me so that we know, no matter what? Or do I have to get away and reveal only the good of me to not disappoint anyone? That’s the dilemma.

“Un dilema es un problema que puede resolverse mediante dos soluciones, ninguna completamente aceptable” 

“Un grupo de puercoespines se apiñaron densamente un frío día de invierno para obtener calor y salvarse de morir congelados. Muy pronto, sin embargo, sintieron las púas recíprocas, lo que los obligó a separarse de nuevo. Cada vez que la necesidad de calentarse los reunía, volvía a presentarse aquel otro inconveniente, por lo que siempre se veían arrastrados entre uno y otro tipo de sufrimiento, hasta que finalmente encontraron una moderada distancia entre ellos que les permitía soportar su situación. Así, la necesidad de vivir en sociedad, nacida del vacío y de la monotonía del yo interior, atrae a los seres humanos los unos hacia los otros; pero sus numerosos rasgos desagradables y errores imperdonables vuelven a separarlos. La distancia intermedia, que terminan por hallar y hace posibles su convivencia, viene dada por la amabilidad y las buenas costumbres. […] Quien disponga, sin embargo, de suficiente calor interno hará bien en mantenerse alejado de la sociedad, para así no molestar ni ser molestado.”

Arthur Schopenhauer
Parerga y Paralipomena, Volumen II, Capítulo 31, § 396.

Lo escuché por primera vez en mi serie de animé preferida “Neon Genesis Evangelion” (el nombre en Latín sería “El Nacimiento de un Nuevo Evangelio”, una obra tan épica y compleja como suena) y exteriorizó algo que muchas veces sentí: Ese deseo de acercarme a otra persona con el riesgo de lastimarme en igual manera.

Dejando de lado romanticismos, conocernos es tan placentero como doloroso. Por que a todos nos gusta ver y ahondar en los aspectos agradables de las personas; pero evitamos compartir lo desagradable y si lo hacemos, sabemos que eso requiere un profundo sentimiento de aceptación y amor incondicional.

¿A qué voy con ésto? ¿Tengo que acercarme y mostrar todo lo que soy para que nos conozcamos, cueste lo que cueste? ¿O tengo que alejarme y dejar ver solo lo bueno de mí para no decepcionar a nadie? Ese es el dilema.